(26 de octubre de 2008)
(Mateo 22, 34-40)
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
- Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?Él le dijo: -“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.
Palabra del Señor.
Hoy vemos cómo los fariseos se acercaron a Jesús para ponerlo a prueba. Querían que Él dijera públicamente cuál de los 613 mandamientos que todo judío estaba obligado a cumplir era el mandamiento principal de la Ley. Los fariseos discutían frecuentemente entre sí sobre este tema. La respuesta de Jesús, a primera vista, no es nada original. Les dice algo que todos los judíos observantes sabían de memoria: que había que amar a Dios sobre todas las cosas (Lv 6,5) y que había que amar al prójimo como a uno mismo (Dt 19, 18). La novedad estaba en la equiparación que Jesús hacía de estos dos mandamientos, diciendo que el segundo era semejante al primero y afirmando a continuación que estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.
El mandamiento del amor al prójimo no es un mandamiento teórico, sino un mandamiento muy concreto. Debo amar aquí y ahora a las personas que me necesitan. Cada uno de nosotros, en su contexto social en el que vive y se mueve, debe estar atento a estas personas.
Jesús hoy nos define lo principal de su vida y de su doctrina: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo. Eso convierte al Domingo XXX del Tiempo Ordinario en el Domingo del Amor. Y no estaría nada mal que aprovechásemos esta jornada para reflexionar si, verdaderamente, amamos a Dios como Él se merece, y si, asimismo, desde ese amor ejercitamos nuestro cariño hacia nuestros hermanos.


