domingo, 15 de junio de 2008

El Evangelio de hoy: Llamando a sus doce discípulos, los envió

Domingo 11º del Tiempo Ordinario
(15 de junio de 2008)

(Mateo 9, 36-10,8)

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: -«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.» Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judás Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: -«No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»

Palabra del Señor.

En el evangelio de hoy se nos muestra la compasión que el Señor tiene por cada uno de nosotros. A Jesús le interesa cada hombre, cada mujer, en particular. Él conoce nuestra cara, el nombre de cada uno, nuestra historia. Él quiere entablar una relación personal de cada uno de nosotros. Saber de los problemas, dificultades, esperanzas de todos. Y lo único que nos pide para trabajar en su mies es huir de los éxitos, de los aplausos, honores y privilegios.

Una vez más Jesús de Nazaret proclama la llegada del Reino de Dios. Hoy lo hace muy especialmente y además convoca a la grandísima mies a sus 12 apóstoles. Para muchos esta es la fundación del Reino de Dios personificado en la Iglesia. Pero el Reino es más amplio. Es cualquier lugar o persona donde reina la paz y el amor, la solidaridad y la delicadeza, la esperanza y la alegría. Y si todo es así comenzará a crecer la fe en el Reino. Trabajemos por ese Reino que solo busca nuestra felicidad y aprovechemos hoy todos estos mensajes que nos invitan a sembrar con paciencia en tantos surcos abiertos que esperan compasión para todos y la verdad de Cristo.